Habla sobre experiencias que marcan a los profesores en su propia historia, que dejan luego huellas difíciles en sus estudiantes afectando su aprendizaje y confianza en el aula. Sugiere varios enfoques para reestablecer su propia humanidad y, desde allí, educarles para una “humanidad renovada”; humanización de la enseñanza, formación ética y emocional, cultivo de la empatía, compromiso con la formación integral y renovación pedagógica desde la tradición ignaciana.