La identidad de la educación jesuita se basa en la espiritualidad de Ignacio, centrada en vivir y reflexionar sobre experiencias profundas que transforman al ser humano. Tanto docentes como alumnos están llamados a este proceso de crecimiento auténtico. El discernimiento y el examen de conciencia se convierten en métodos pedagógicos para buscar y cumplir la voluntad de Dios en la vida cotidiana, fomentando una actitud de servicio constante.