Reflexiona sobre el corazón como una categoría filosófica que representa la interioridad y la profundidad del ser humano, una dimensión que el mundo moderno ha ido dejando de lado. Habla del corazón como el centro espiritual donde convergen la inteligencia, las emociones y la voluntad, y lo conecta con la educación para fomentar una interioridad más consciente. Volver al corazón significa abrirlo a la experiencia del amor para que el hombre descubra, en primera instancia, el valor de su ser y, como consecuencia de ello, el valor del ser del otro y de toda la Creación. Hablamos de un cambio antropológico que transforme la realidad. Un cambio antropológico que brote del conocimiento íntimo de Cristo que es, como sabemos, el corazón del corazón.