Propone una revisión profunda de la pastoral en la educación católica, enfatizando la integración de los valores evangélicos en todos los aspectos del ambiente educativo, desde el currículo hasta las relaciones, buscando una conversión auténtica que transforme la vida cotidiana. En este enfoque, el testimonio de vida se convierte en un "grito del evangelio", viviendo la fe como un compromiso real que genera cambios tangibles en la manera de vivir. La educación de la interioridad se presenta como fundamental para que la persona se conozca, se valore y encuentre su yo profundo, un viaje hacia uno mismo que, lejos del aislamiento, refuerza la comunión con Dios y facilita el encuentro respetuoso con los demás. Así, enseñar a vivir plenamente implica fortalecer una libertad auténtica a través de la interioridad, permitiendo a las personas enfrentar las preguntas esenciales de la existencia y vivir con autenticidad y responsabilidad.