Habla sobre la educación desde la perspectiva ignaciana, enfocándose en formar personas integrales para el mundo. Destaca cómo, desde hace siglos, la Compañía de Jesús ha desarrollado un modelo educativo que pone al ser humano en el centro, desde su relación con Dios y como co-creador. Esta educación va más allá del aula: busca enfrentar retos históricos y sociales, fomentar el diálogo, la convivencia en la diversidad, la justicia social y el cuidado del medio ambiente. La educación ignaciana busca formar "los mejores para el mundo". Tiene un compromiso ético y una conciencia crítica sobre los problemas actuales. Promueve la cultura de paz, la evaluación constante y la incidencia social activa. La educación para la paz desde la perspectiva ignaciana rompe con visiones individualistas, reforzando la solidaridad y las prácticas restaurativas no violentas. Esta educación implica el cuidado de la persona y la naturaleza, y promueve la justicia y la equidad.