Profundiza en cómo la enseñanza y el aprendizaje pueden inspirar esperanza en tiempos difíciles. Se centra en la importancia de actuar con vulnerabilidad y colaboración, y propone abandonar el enfoque tradicional centrado en el profesor para adoptar una educación colectiva. Cuando el profesorado enseña solo, es el único árbitro de la agenda del aula; cuando enseña en junto con otros, se desarrolla dinámica de enseñanza nueva y de mayor riqueza.