Esta reflexión aborda la importancia fundamental de la educación como derecho universal en un mundo marcado por las desigualdades y los desafíos globales. La autora destaca cómo la educación, gracias también a las nuevas tecnologías digitales, puede ser una poderosa herramienta para construir la paz, reducir las disparidades y promover la dignidad humana en todo el planeta. Un punto clave es que la educación no se limita a la preocupación de las instituciones formales, sino que debe convertirse en un desafío compartido por todos, especialmente ante estadísticas alarmantes como la de los millones de niños que aún no asisten a la escuela y el estancamiento del progreso en la educación global.