Los centros desean acompañar y formar a las familias para que puedan asumir ciertos estilos educativos que propicien una relación familiar sana, en la que se pueda crecer en ciertos valores vinculados con el evangelio. Esto lo podemos hacer transmitiendo un estilo “ignaciano” a la hora de educar. Existen algunos elementos de la tradición ignaciana que, extrapolados a otros contextos, trasladan esta “ignacianidad”. Las cinco dimensiones características de la pedagogía ignaciana (contexto, experiencia, reflexión, acción y evaluación) pueden enfocar ese estilo educativo familiar.